Viene Valen al aula. Cargada de bronca en sus puños ásperos de usar lavandina porque su patrona le ordena no usar guantes. Una mezcla de desinfectante, cloaca y descuido higiénico invade la habitación. Mientras, los pibes hacen caras por su drama. Están cansados que llore tanto. Que supere que la mamá le pegaba y ahora está en un hogar. "Yo viví cosas peores", asusta con suspenso Matías, como si justificara su falta de empatía. ¿Desde cuando esto se volvió una competencia de desamparo? Mientras, la inspectora asoma con su traje impoluto y perfume avainillado. Una sonrisa vacía que alude a una complicidad ajena a nuestras zapatillas embarradas y el mate amargo, lavado, compartido. Me abraza Mai y me pregunta si me puede decir papá. Un nudo en la garganta me atora la respuesta.
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