jueves, 16 de abril de 2020

Bajo el ombú

    Inútilmente te empecé a buscar
    En cada sabor rozando en mi paladar
    Inundan bocas al desear tus besos una vez más
    Unas cuantas...
    
    Esta cuaresma llega sin descansar
    Morder mis labios no me va a saciar
    Las ganas de comernos ambes
    En un acto de amor

    Y sin importarle nos acobijará nuestra amada espera
    De encontrarnos en el boulevard
    Ciudad Jardín rodea nuestros asaltos
    De madrugada
    Bajo el ombú trascenderán nuestros cuerpos
    
    16/04/20

miércoles, 15 de abril de 2020

Hace nada me creía todo

Voy caminando
Quiero llegar al otro lado del mar
Equivocarme y volver a empezar
Soltar el miedo de que por errar te pierda

Nunca te tuve
Hasta que la sangre nos separe, actuar
Esa es la frase que nos vuelve a encontrar
La muerte bien puede unirme a vos sin quererlo

(Quien está libre de pecado
Es porque murió primero)

Nos doy pena
Cargando culpas sin poder respirar
Pesa el "yo" que pudiste proyectar
Ahora, ¿Quién soy yo sino el que te cargaba? Nada.

Quedo en la nada
Siento que este caminar me hace dar
Vueltas y vueltas sin poder avanzar
Del barro vengo y hacia al barro iré, será?

Sólo sé que hace nada me creía todo
Ahora sé que ya nadie me señala
Sólo sé que hace nada me creía todo
Puede ser que yo nunca haya existido

En la nada yace el todo
De la noche nace el día
De la nada nace el todo
En una lágrima, este verso

lunes, 13 de abril de 2020

El lapso entre la vida y la muerte

Ay! Si nos permitiéramos deslumbrar nuestras penurias. ¿Qué dirían nuestros ancestros al mirarnos censurar la boca mordida recorriendo nuestros cuerpos? Lamentarían haberse perdido el placer de sentirnos tantas vidas atrás y las muertes que vendrán adelante. La única forma de explicar este deseo profundo, sellado en el éter, cuyo eco rebota erecto en mis venas es esa. Sólo queda el recuerdo del momento en el que se paró el tiempo, y en ese instante, se volvió eterno, el lapso entre la vida y la muerte que queda girando en disco eterno orgásmico brotando espasmos inmanejables del súmmum de la excitación. Envidio aquellas palabras que te penetrarán mojándote poco a poco como lo haría con mi sed de desierto caliente que se friega, se toca, se relame al nombrarte. Susurros dulces al oído de ricura, la locura procura encontrarnos al perdernos no creyendo que sea posible lo vivido. Líbido vívido de vida, de amor, de encuentro compartido desahogándonos de pasión entregada (otra forma no sabemos), hallándonos de mirada sostenida. Y así, iluminarnos nuestros ojos brillosos que nos encienden faroles en la noche.