11 años atrás, a un Luciano completamente diferente, se le despiertan las ganas de hacer terapia. Lo recibe Chano, un psicólogo de voz gruesa, mirada profunda, medio hippón en su depto lleno de plantas y decorado con mandalas. Lucho tocaba en el tren, estudiaba en la UTN, estaba en pareja con Yamila y sentía una mezcla de culpa, responsabilidad y miedo por su familia. Lo que él nunca se hubiera imaginado es cómo en ese espacio iba a aprender a amar(se), a vincularse sanamente con los demás, a redescubrir una y otra vez su identidad, a sanar viejas heridas. Un lugar donde poder llorar, reír, charlar, filosofar y poder sentirse cómodo, pleno, cuidado, uno mismo. Compartir los secretos más terribles, dolorosos, vergonzosos y ,¿por qué no?, amorosos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario