La brisa que ingresa fría por la ventana. La ciruela mordida tendida en la cama. Tibios mates que inmóviles dejan de saber a lucha. Es la gota que rebalsó la pava. Así nomás, me desayuno que el arte está en el detalle y en el contraste entre desearte y besarte. El zorzal se posa sobre la esquina y mira. Escucha el clapeo de la carreta llevando hambre. Quizás lleva también un pan con mate cocido y diferencia de clase. ¿Será eso la patria? - Se pregunta. (Yo me pregunto si alguna vez el bullicio le hará olvidarse que puede volar). Mientras recibo mensajes de feliz día, el mate y la ciruela me miran de reojo descontentes, el asco me impide contestarles y me angustia la impotencia. Pero el zorzal se alza en vuelo y canta. En una de esas, me recuerda que yo también tengo alas y voz.
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